Reflexiones›esperanza

¿Y si la espera no es el problema, sino el lugar donde Dios te está transformando?

"En el SEÑOR pongo mi esperanza, en él pongo toda mi esperanza; en su palabra fundamento mi confianza. — Salmos 130:5 (NVI)"

— Salmos 130:5

Hay algo que nadie te dice sobre la espera: que tiene un peso que no se ve. No es solo el paso del tiempo. Es cargar con una oración que parece no llegar a ningún lado, con una promesa que todavía no tiene forma, con un silencio de Dios que duele más que cualquier palabra dura. La espera agota porque exige lo que más nos cuesta dar: confianza sin pruebas visibles.

El Salmo 130 fue escrito desde un lugar oscuro. En hebreo, el texto comienza con las palabras 'desde las profundidades', lo que los estudiosos llaman el De Profundis. No es una metáfora poética decorativa. Es el grito de alguien que siente que el agua ha subido demasiado, que el suelo ya no está bajo sus pies. El salmista no escribe desde un culto de domingo por la mañana con música suave. Escribe desde el fondo. Y aun así, desde ese fondo, dice algo que desafía toda lógica humana: 'En el Señor pongo mi esperanza.'

Lo que hace poderoso ese versículo no es solo la declaración de esperanza. Es el contexto desde donde se declara. Porque esperar en Dios cuando todo va bien no requiere demasiada fe. Pero esperar en Él cuando estás agotado, cuando ya no tienes fuerzas para seguir creyendo, cuando los días se acumulan y las respuestas no llegan... eso es otra cosa. Eso es lo que el salmista estaba viviendo, y eso es probablemente lo que tú también estás viviendo si este texto te encontró hoy.

La espera en la Biblia nunca es pasiva. Abraham esperó décadas por un hijo. José esperó años en una cárcel que no merecía. David fue ungido rey y luego pasó años huyendo como fugitivo. En todos esos casos, la espera no era el obstáculo antes de la historia real. La espera era parte de la historia. Era el lugar donde Dios estaba formando algo en el interior de cada uno de ellos que no podía formarse en ningún otro contexto. La urgencia no produce lo mismo que la espera. La comodidad no produce lo mismo que la presión. Hay cosas en tu carácter, en tu fe, en tu amor, que solo pueden nacer en medio del tiempo que no entiendes.

Pero quiero ser honesto contigo: eso no hace que la espera deje de doler. El hecho de que Dios use este tiempo no significa que debas fingir que no cansa. El salmista no fingió. Gritó desde las profundidades antes de declarar su esperanza. Y creo que eso es exactamente lo que Dios te permite hacer a ti también. No tienes que llegar a Él con fe perfecta y paz manufacturada. Puedes llegar agotado, confundido, con más preguntas que respuestas, y decirle: 'No entiendo, pero sigo aquí. Sigo esperando en ti.'

Esa es, quizás, la forma más auténtica de esperanza que existe. No la que dice que todo está bien cuando no lo está. Sino la que dice, desde el fondo, desde el cansancio real, desde la noche que se ha alargado demasiado: 'En ti espero. Solo en ti.' Esa esperanza no nace de circunstancias favorables. Nace de haber decidido que Dios es fiel incluso cuando su fidelidad todavía no se puede ver.

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