No llegaste a este mundo por accidente.
"Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos. — Salmos 138:8 (Reina-Valera 1960)"
— Salmos 138:8
Hay algo que David sabía cuando escribió este salmo que muchos de nosotros tardamos años en comprender: que nuestra vida no es un borrador. No es un ensayo. Es la obra definitiva de las manos del Dios que todo lo hace bien. Cuando David escribió 'Jehová cumplirá su propósito en mí', no lo escribió desde un trono cómodo ni desde una mañana sin problemas. Lo escribió como alguien que había pasado por traición, por desiertos, por guerras, por su propio fracaso moral. Y aun así, desde ese lugar roto, declaró algo que desafía toda lógica humana: Dios va a terminar lo que empezó en mí.
El contexto de este salmo es importante para entender el peso de esas palabras. El Salmo 138 es un canto de alabanza que David ofrece después de haber experimentado la fidelidad de Dios en medio de circunstancias difíciles. No es la alabanza fácil de quien nunca ha sufrido. Es la alabanza profunda de alguien que estuvo a punto de rendirse y descubrió que Dios no se rinde con nosotros. El versículo 8 es la conclusión de todo eso: una declaración de confianza absoluta en que el propósito de Dios no depende de nuestra fuerza sino de Su fidelidad.
Ahora bien, hay una frase en ese versículo que casi siempre pasamos por alto: 'la obra de tus manos'. David se reconoce a sí mismo como una obra. No como alguien que construyó su propio destino, sino como alguien que fue construido. Y eso cambia todo. Porque cuando tú eres la obra y no el arquitecto, la presión de tenerlo todo resuelto deja de caer sobre ti. El arquitecto no abandona lo que está construyendo a la mitad. No invierte tiempo, material y diseño en algo para después dejarlo incompleto. Y si eso es verdad de cualquier buen artesano humano, cuánto más de Aquel que te formó en el vientre de tu madre con propósito eterno.
Lo que más duele en la vida no suele ser el sufrimiento en sí mismo, sino la sensación de que ese sufrimiento no tiene sentido. Que todo lo que viviste, lo que perdiste, lo que te costó, fue en vano. Pero David nos dice algo diferente: Dios cumplirá. Ese verbo está en tiempo futuro. Lo que significa que hay partes de tu historia que todavía no están escritas. Hay capítulos que Dios no ha terminado. Y si hoy sientes que tu vida está incompleta, fragmentada, o que el propósito que una vez viste con claridad ahora parece lejano o imposible, este versículo es para ti.
El propósito de Dios sobre tu vida no se canceló por tus errores. No lo interrumpió la traición de alguien. No lo detuvo la temporada difícil que atravesaste. Porque el propósito no lo sostiene tu voluntad, lo sostiene la misericordia de Dios, que según el mismo versículo, es para siempre. Y lo que es para siempre no tiene fecha de vencimiento.
Quizás hoy necesitas dejar de intentar rescatar tu propio propósito y simplemente volver a ponerte en las manos del que te diseñó. Él sabe lo que hace. Siempre lo supo. Y no te va a dejar a la mitad.
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