Reflexionesresiliencia

¿Y si el hecho de que todavía estés aquí, de pie, después de todo lo que viviste, ya es un milagro?

"Las misericordias de Dios no se han agotado. Nuevas son cada mañana."

Lamentaciones 3:22-23

Hay una clase de fortaleza que no sabe su nombre.

Es la fortaleza de la persona que siguió después de que todo colapsó. Que se levantó sin saber bien cómo. Que puso un pie delante del otro cuando no tenía fuerzas para hacerlo. Que siguió respirando cuando lo único que quería era parar.

Si eso te describe — si estás aquí después de algo que pensaste que te destruiría — necesito que leas esto con atención: el hecho de que todavía estés aquí ya es un milagro. No una metáfora. Un milagro real.

El libro de Lamentaciones es posiblemente el texto más oscuro de toda la Biblia. No es un libro de victoria ni de celebración. Es el llanto de alguien que acaba de ver cómo Jerusalén, la ciudad santa, la ciudad del templo de Dios, fue completamente destruida y quemada por los babilonios. Los muros derribados. El templo en cenizas. La gente en cautiverio. Todo lo que habían construido durante siglos, desaparecido en semanas.

Y en medio de ese panorama de ruinas absolutas — no después de que todo mejoró, sino en medio del desastre — el autor escribe algo que desafía toda lógica humana:

"Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad."

Detente un momento en esa frase: "no hemos sido consumidos." No dice que están bien. No dice que la situación mejoró. Dice que siguen ahí. Y eso, en ese momento, es suficiente para reconocer la mano de Dios.

Las misericordias de Dios no son un recurso finito que se agota. Son nuevas cada mañana. Eso significa que la misericordia que necesitas para hoy no es la que usaste ayer. No es la que te prestaron de meses anteriores. Es fresca. Específica para este día. Para esta carga. Para esta versión de ti que llegó hasta aquí después de todo lo que pasó.

Levantarte esta mañana, aunque hayas estado quebrado, ya es evidencia de que Dios no terminó contigo.

Hay una teología del todavía aquí que pocas veces se predica. Los testimonios que se celebran suelen ser los de victoria completa: salí de la adicción, se restauró el matrimonio, llegó la sanidad, llegó la provisión. Pero hay otro tipo de testimonio igual de poderoso y mucho más silencioso: seguí. No sé cómo. No tenía fuerzas. Pero aquí estoy.

Ese también es un testimonio. Ese también es la mano de Dios.

Si hoy no tienes la victoria completa que quisieras, si todavía estás en medio del proceso, si lo único que puedes decir es que sigues aquí — eso es suficiente. Eso ya habla de una misericordia que no te abandonó.

De pie. Después de todo lo que viviste. Eso ya es un milagro.

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