Que duela no significa que fallaste
"Y enjugará Dios toda lágrima de sus ojos."
— Apocalipsis 21:4
Hay personas que se van y dejan un hueco que nada puede llenar.
Y la gente te dice: sé fuerte. Sigue adelante. Ya pasará.
Pero nadie te dice qué hacer con ese silencio que queda en el lugar donde antes estaba esa persona. Esa silla vacía. Ese número en el teléfono que ya no puedes marcar. Ese momento del día en que siempre hablabas con alguien que ya no está.
El duelo no tiene manual.
Y lo más difícil no es el primer día. Es el martes ordinario tres meses después, cuando la vida sigue girando para todos menos para ti. Cuando el mundo exige que ya hayas "superado" algo que no se supera — solo se aprende a cargar diferente.
Dios no te pide que finjas que no duele.
Jesús lloró frente a la tumba de Lázaro. Sabiendo que lo iba a resucitar. Sabiendo el final de la historia. Lloró igual. Porque el dolor de quienes amaba era real para Él. Y el tuyo también lo es.
No hay fe que anule el dolor. Hay fe que te acompaña dentro de él.
Un día, Él enjugará toda lágrima. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni clamor. Todo lo que perdiste tiene una promesa al final.
Pero hoy, en este martes ordinario que pesa demasiado, Él te permite llorar. Y llora contigo.
Que duela no significa que fallaste. Significa que amaste.