No todo dolor tiene explicación. Pero todo dolor tiene un propósito.
"Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman."
— Romanos 8:28
Hay preguntas que la fe no responde. Y eso es algo que muy pocas veces alguien dice con honestidad dentro de la iglesia.
¿Por qué murió ese niño? ¿Por qué la enfermedad llegó precisamente ahora? ¿Por qué a una persona que vivió bien le tocó tanto sufrimiento? ¿Por qué la oración no cambió lo que querías que cambiara?
Si buscas en la Biblia una respuesta clara a esas preguntas, no la vas a encontrar. Y esa ausencia de respuesta no es un defecto de la fe — es parte de su realidad más honesta.
Job lo vivió durante 38 capítulos. Perdió todo en un solo día, sin explicación. Sus amigos vinieron a darle respuestas teológicas ordenadas: "Algo hiciste mal. Algo debes confesar. Dios siempre obra así." Y Dios, al final del libro, les dijo a los amigos de Job que estaban equivocados. Que habían intentado meter la soberanía de Dios en una caja de causa y efecto que no alcanzaba para contenerla.
La respuesta de Dios a Job no fue una explicación. Fue una pregunta: "¿Dónde estabas tú cuando puse los fundamentos de la tierra?" No para humillar a Job, sino para recordarle que hay dimensiones de la realidad que están fuera del alcance de la comprensión humana. Que el hecho de que no puedas ver el sentido no significa que no lo haya.
Romanos 8:28 no dice que todo lo que pasa sea bueno. Dice algo más preciso y más profundo: "Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman." La palabra griega para "dispone" es synergei — trabaja en conjunto, coordina, orquesta. Como un director de orquesta que toma instrumentos que individualmente suenan disonantes y los coordina para producir algo que ninguno de ellos podría producir solo.
El dolor que estás viviendo, en sí mismo, no es bueno. El sufrimiento, en sí mismo, no es bueno. Dios no dice que lo sea. Lo que dice es que Él tiene la capacidad de tomar incluso eso — incluso lo que no tiene explicación, incluso lo que duele sin sentido aparente — y coordinarlo dentro de una historia más grande que produce bien.
José lo entendió después de trece años de esclavitud e injusticia. "Ustedes pensaron hacerme mal — le dijo a sus hermanos — pero Dios lo pensó para bien." No dice que el mal que le hicieron fue bueno. Dice que Dios fue más inteligente que el mal. Que lo usó para algo que ninguno de ellos podía haber planeado.
Eso no responde el por qué. Pero cambia algo fundamental en cómo puedes cargar con el dolor.
Cuando no entiendes por qué, puedes seguir confiando en quién. Cuando la historia no tiene sentido desde donde estás parado, puedes confiar en el Autor que está escribiendo desde un punto de vista que tú todavía no tienes.
Eso no es resignación. Es fe adulta. La fe que no necesita entenderlo todo para seguir avanzando. Que sabe que hay capítulos que todavía no se han escrito, y que el Autor nunca ha empezado una historia que no tenga su resolución.
El dolor que estás viviendo hoy no es el punto final. Es una página de algo que todavía no terminó.
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