¿Y si Dios no responde porque ya respondió?
"Quédense quietos y reconozcan que yo soy Dios."
— Salmos 46:10
El silencio de Dios es una de las experiencias más desconcertantes de la fe. Oras. Esperas. Y no llega ninguna señal, ninguna respuesta clara, ninguna voz.
Y entonces empezamos a interpretar: ¿Me habrá abandonado? ¿Estará enojado? ¿No me escuchó?
Pero ¿y si el silencio no es ausencia? ¿Y si es la respuesta?
Salmos 46:10 no dice "espera y yo hablaré". Dice "quédate quieto y reconoce que yo soy Dios". La quietud no es la antesala de la respuesta. La quietud es la respuesta.
A veces Dios no nos habla más porque ya nos dijo todo lo que necesitábamos saber. Y solo hace falta dejar de buscar nuevas palabras y confiar en las que ya tenemos.
¿Te llegó al corazón?
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