Lo que te hicieron duele diferente cuando viene de los tuyos.
"Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo pensó para bien."
— Génesis 50:20
Hay una diferencia entre que te lastime un desconocido y que te lastime alguien que conocía tu nombre, tu historia, tu corazón.
La traición de los tuyos tiene un filo diferente. Más profundo. Más difícil de sanar.
José lo vivió. Sus propios hermanos lo vendieron. No un enemigo. No un extraño. Sus hermanos.
Y años después, cuando tenía el poder para destruirlos, dijo algo que solo puede salir de un corazón que Dios ha trabajado profundamente: "Ustedes pensaron hacerme mal. Dios lo pensó para bien."
No es que el daño no existiera. Es que Dios fue más grande que el daño.
Lo que te hicieron no tiene la última palabra. Dios la tiene.
Comparte